Ultrasonidos: magnetostrictivos y piezoeléctricos mueven la punta de forma distinta

El ultrasonido ha sustituido en gran medida a la instrumentación manual en la eliminación del sarro, y las diferencias entre los dos sistemas disponibles inciden en cómo se usa la punta.

El magnetostrictivo genera un movimiento elíptico: toda la superficie de la punta es activa, incluidas las caras laterales. Eso lo hace tolerante respecto a la angulación pero exige no tocar con el extremo.

El piezoeléctrico produce un movimiento lineal, sobre todo de vaivén. Son activas principalmente las superficies laterales, y la punta debe mantenerse paralela a la superficie dental.

La consecuencia práctica es que con el piezoeléctrico la angulación importa más. Una punta usada perpendicularmente trabaja con el extremo, que es la parte que daña la superficie radicular.

La inclinación correcta es de pocos grados respecto a la superficie, con un movimiento continuo de barrido. La cureta manual se apoya y se tira; el ultrasonido se desplaza sin detenerse.

Detenerse en un punto es el error que produce surcos en la superficie radicular, y son daños permanentes que el paciente percibe como sensibilidad en los meses siguientes.

La potencia se regula según el depósito y no se deja al máximo por costumbre. Los depósitos supragingivales abundantes requieren potencia media; el desbridamiento subgingival se hace a potencia baja.

La irrigación cumple dos funciones. Refrigera la punta, que de otro modo genera calor suficiente para dañar la pulpa, y produce cavitación, el fenómeno que contribuye a disgregar la biopelícula.

Una boquilla parcialmente obstruida reduce el caudal sin interrumpirlo, y la caída pasa inadvertida hasta que el paciente refiere dolor. El chorro debe comprobarse al inicio de la sesión.

Las contraindicaciones absolutas son pocas pero deben conocerse. Los pacientes portadores de dispositivos cardíacos implantables requieren valoración, en particular con los magnetostrictivos, por interferencia electromagnética.

Sobre implantes y restauraciones las puntas metálicas estándar están contraindicadas. Hacen falta puntas de plástico o recubiertas, porque el metal raya el titanio y desconcha los márgenes cerámicos.

Las puntas se desgastan y pierden eficacia de forma silenciosa. Un acortamiento de un milímetro reduce la eficiencia de forma considerable, y los fabricantes suministran plantillas de control que casi nadie usa.

En síntesis: el piezoeléctrico exige la punta paralela a la superficie, nunca se detiene en un punto, la potencia se regula según el depósito, la irrigación se comprueba, y sobre implantes y cerámicas hacen falta puntas específicas.