Tabaco y periodonto: el sangrado reducido esconde la enfermedad en vez de indicar su ausencia
El tabaco es el factor de riesgo modificable más importante para la periodontitis, y produce un efecto que hace la enfermedad más difícil de reconocer justo en quien más la padece.
La nicotina tiene acción vasoconstrictora sobre los capilares gingivales. La consecuencia es que un fumador con periodontitis avanzada puede presentar menos sangrado al sondaje que un no fumador con enfermedad más leve.
El error que de ello deriva es concreto: el signo clínico en que se basa la valoración de la inflamación está atenuado justo donde la destrucción es mayor.
En el fumador, por tanto, se da más peso a la profundidad de sondaje, a la pérdida de inserción y al cuadro radiográfico, y menos a la ausencia de sangrado, que no tranquiliza.
El aspecto de la encía es a su vez engañoso: parece más pálida y fibrótica, con márgenes que semejan sanos mientras esconden bolsas profundas.
El efecto sobre la cicatrización tras la terapia está documentado y es sustancial. La reducción de las bolsas tras la instrumentación es menor, y la respuesta a la cirugía periodontal y regenerativa es peor.
Sobre los implantes el tabaco aumenta el riesgo de periimplantitis y de fracaso, y esto debe comunicarse antes de planificar, no después. Forma parte del consentimiento informado tanto como los riesgos quirúrgicos.
Los dispositivos de tabaco calentado y los cigarrillos electrónicos no equivalen a dejarlo. La nicotina permanece, y con ella la vasoconstricción y sus efectos sobre los tejidos.
La evidencia sobre los efectos orales de estos dispositivos aún se está construyendo, y el mensaje prudente es que representan un cambio de exposición y no su eliminación.
El dato útil en consulta es que dejarlo produce una mejora medible. La respuesta a la terapia periodontal en quien ha dejado se aproxima progresivamente a la de los no fumadores.
Comunicarlo en términos de ganancia concreta y cercana funciona mejor que la advertencia genérica: un paciente al que se le dice que la próxima sesión dará mejores resultados es más receptivo que uno al que se le habla de riesgos a veinte años.
Las pigmentaciones y la halitosis son los motivos por los que el paciente fumador acude, y son una oportunidad. Es el momento en que el tema puede abordarse sin que suene a sermón no pedido.
En síntesis: el sangrado reducido en el fumador esconde la enfermedad, la valoración se desplaza al sondaje y las radiografías, el riesgo implantario debe decirse antes de planificar, y dejarlo mejora la respuesta a la terapia en plazos que vale la pena comunicar.