Reabsorción radicular inducida por ortodoncia: factores de riesgo y estrategias de prevención
La reabsorción radicular inflamatoria inducida por ortodoncia (OIIRR, Orthodontically Induced Inflammatory Root Resorption) es una complicación del tratamiento ortodóncico que, en su forma moderada-severa, puede comprometer permanentemente el pronóstico periodontal de los dientes afectados. Su fisiopatología —todavía no completamente esclarecida a pesar de décadas de investigación— implica el daño al cemento celular de la región apical radicular, con activación de los osteoclastos y reabsorción del tejido mineralizado que, en su forma avanzada, reduce significativamente la longitud radicular.
La epidemiología de la OIIRR revela que la reabsorción apical es universal durante el tratamiento ortodóncico: la pregunta clínicamente relevante no es si se producirá, sino cuánto se extenderá. Los estudios longitudinales basados en mediciones radiológicas estandarizadas documentan una reabsorción apical media de 1,0-1,5 mm en los dientes más vulnerables (incisivos superiores) en la mayoría de los pacientes tratados con aparatología fija (Reitan, 1974; Sameshima y Sinclair, 2001). La reabsorción superior a 3 mm —generalmente considerada clínicamente significativa— afecta al 10-17% de los pacientes; la reabsorción superior a 5 mm (pérdida severa, con impacto pronóstico real) al 0,5-2% de los pacientes.
Los factores de riesgo del paciente identificados por la literatura comprenden: morfología radicular atípica (raíces en pipeta, en cuentagotas, en bayoneta) que aumentan el riesgo de 2 a 4 veces respecto a las raíces normales; antecedentes familiares de OIIRR (polimorfismo genético del gen IL-1β documentado por Neves et al., 2012); antecedentes de traumatismos dentales en los dientes afectados; hábitos parafuncionales; enfermedades sistémicas con osteoporosis o metabolismo cálcico alterado. El sexo femenino y la edad adulta avanzada no son factores de riesgo claramente documentados, contrariamente a lo que a menudo se afirma.
Los factores de riesgo relacionados con el tratamiento incluyen: duración del tratamiento (la reabsorción aumenta linealmente con la duración más allá de los 18 meses, Lupi et al., 1996); magnitud del movimiento de los incisivos superiores —en particular el torque radicular palatino, la intrusión y la retracción con extracciones; fuerzas excesivas sobre los incisivos durante la retracción en masa; uso de arcos rígidos de acero de gran sección en las fases de retracción; intermitencia del tratamiento con fuerzas de onda cuadrada (pausas del tratamiento que permiten la recuperación biológica frente a fuerzas continuas). El sistema de brackets —autoligable frente a convencional— no muestra diferencias en el riesgo de OIIRR en las revisiones sistemáticas disponibles.
El protocolo de seguimiento radiográfico durante el tratamiento ortodóncico debe prever un control con periapicales de los incisivos superiores a los 6-9 meses de la colocación del arco pesado —especialmente en los casos de alto riesgo (morfología atípica pretratamiento, mecánica de intrusión, extracciones bilaterales superiores con retracción). Si la reabsorción en este control intermedio es ≤2 mm, se puede proceder con el tratamiento optimizando las fuerzas; si es >2-3 mm, está indicada una modificación del plan de tratamiento: reducción de las fuerzas, cambio a mecánicas que minimicen el torque radicular, o aceptación de un compromiso clínico.
La prevención de la OIIRR se basa en: una evaluación morfológica radicular pretratamiento adecuada con radiografía periapical ortogonal (CBCT solo en casos seleccionados con sospecha de morfología muy atípica); planificación del tratamiento que minimice el movimiento de los incisivos superiores (preferir extracciones maxilares superiores a las premolares inferiores cuando sea posible, para reducir la retracción de los incisivos); uso de fuerzas de retracción ≤150 gf por lado; suspensión del tratamiento de 2-3 meses en pacientes de alto riesgo o con reabsorción documentada >2 mm en el control intermedio (la pausa permite la reparación del cemento y reduce el riesgo de progresión del daño al 40-60% según Rygh, 1977); comunicación detallada al paciente del riesgo —esencial tanto para el consentimiento informado como para el seguimiento adecuado a largo plazo.