Prevención de la caries: el papel del flúor en la profilaxis

Cómo el flúor transforma la hidroxiapatita del esmalte en fluorapatita más resistente a los ácidos, qué dicen las directrices de la OMS sobre dosis y grupos de edad, y por qué hoy se prefiere la vía tópica a la sistémica.

La Organización Mundial de la Salud considera el flúor como el método más eficaz disponible actualmente para la prevención de la caries. Su principal mecanismo de acción es de naturaleza química: durante la formación y maduración del esmalte, el flúor sustituye parte de los iones hidroxilo de la hidroxiapatita —el mineral que normalmente constituye el esmalte dental— formando fluorapatita, una estructura cristalina notablemente más resistente al ataque de los ácidos producidos por la fermentación bacteriana de la placa.

En el diente ya erosionado, el flúor actúa mediante un segundo mecanismo igualmente importante: la remineralización. Las primeras fases de desmineralización del esmalte, causadas por los ácidos producidos por las bacterias cariogénicas o por alimentos y bebidas ácidas, son en cierta medida reversibles —el flúor presente en la saliva o aplicado localmente favorece el depósito de minerales sobre la superficie ya debilitada, deteniendo o invirtiendo el proceso antes de que se convierta en una lesión cariosa manifiesta. A estos dos mecanismos se suma una acción antibacteriana directa, que reduce la adhesión del Streptococcus mutans —la principal bacteria cariogénica— a los tejidos bucales.

Las directrices de la OMS sobre la fluoroprofilaxis en casa indican rangos de concentración precisos vinculados a la edad: de 6 meses a 6 años, se recomienda una pasta dental con al menos 1000 ppm de flúor, aplicada dos veces al día siempre bajo la supervisión de un adulto (para limitar el riesgo de ingestión), mientras que a partir de los 6 años la concentración puede mantenerse o aumentarse según las indicaciones profesionales. El objetivo de una fluoroprofilaxis correcta es siempre un equilibrio: tanto un exceso como un defecto de flúor conllevan riesgos, respectivamente la fluorosis (una alteración estética del esmalte en formación) y la falta de protección frente a la caries.

Un punto en el que la comunidad científica se ha ido alineando progresivamente concierne a la vía de administración: los estudios más recientes demuestran una eficacia superior de la administración tópica de flúor —pastas dentales, geles, barnices profesionales— frente a la vía sistémica (suplementos orales), especialmente en niños sobre dientes ya erosionados. En España, donde la fluoración del agua potable no está generalizada, la aplicación tópica sigue siendo por tanto, con diferencia, el modo más utilizado y recomendado por los profesionales.

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