Periimplantitis: diagnóstico, estadificación y tratamientos basados en la evidencia según las directrices EFP 2023

La periimplantitis representa hoy la principal amenaza para la longevidad implantaria a medio y largo plazo. Su prevalencia ha resultado superior a las expectativas iniciales: la revisión sistemática de Derks y Tomasi (J Clin Periodontol, 2015) reportaba una prevalencia a nivel de implante del 18,5% y a nivel de paciente del 22% en estudios observacionales europeos en periodos de seguimiento de 9 años. Datos más recientes, con criterios diagnósticos más estrictos de la clasificación EFP/AAP 2017, confirman una prevalencia acumulada de periimplantitis del 14-31% a los 5 años, con amplia variabilidad ligada al sistema implantario, a las características de los pacientes y a la definición diagnóstica adoptada. El reconocimiento precoz y el tratamiento oportuno son determinantes para el pronóstico: las lesiones periimplantarias progresan más rápidamente que las enfermedades periodontales por razones biológicas intrínsecas (ausencia de inserción conectiva supracrestal, vascularización periimplantaria inferior, morfología del cono Morse que influye en la dispersión del microgap).

La clasificación EFP/AAP 2017 distingue la mucositis periimplantaria (inflamación confinada a los tejidos blandos periimplantarios, reversible con terapia no quirúrgica, sin pérdida ósea progresiva) de la periimplantitis (inflamación asociada a pérdida ósea progresiva y formación de bolsas). Los criterios diagnósticos de periimplantitis requieren la copresencia de: sangrado al sondaje (BOP) y/o supuración, profundidad de sondaje ≥6 mm o aumento ≥2 mm respecto a los valores poscarga, y pérdida ósea radiográfica ≥3 mm respecto a la línea base poscarga (en los casos que no disponen de radiografía basal, el nivel óseo fisiológico esperado corresponde a 1-1,5 mm subcrestal al año de la carga). La estadificación de gravedad (leve: pérdida ósea <25% de la longitud implantaria; moderada: 25-50%; severa: >50% o exposición del ápice implantario) orienta la elección terapéutica.

El tratamiento no quirúrgico de la periimplantitis se basa en la descontaminación mecánica de la superficie implantaria expuesta, la eliminación de los factores etiológicos locales y modificables, y la reevaluación a las 8-12 semanas. La descontaminación con instrumentos de titanio, carbono o PEEK (para no alterar la topografía superficial implantaria), integrada con irrigación de clorhexidina al 0,2% o eritritol en polvo (Air-Flow, EMS), ha mostrado mejoras clínicas estadísticamente significativas pero con predictibilidad limitada de resolución completa: el metaanálisis de Khoshkam et al. (J Periodontol, 2016) reportaba una reducción media de la profundidad de sondaje de 1,07 mm y una reducción del BOP del 30% tras la descontaminación no quirúrgica. La dificultad intrínseca reside en la inaccesibilidad mecánica de las microirregularidades de la superficie SLA/SLActive que albergan el biofilm subgingival.

El enfoque quirúrgico de la periimplantitis —indicado en las formas moderadas y severas que no responden al tratamiento no quirúrgico— se articula en tres estrategias principales: la terapia resectiva (eliminación quirúrgica del tejido de granulación, osteoplastia para reducir las profundidades infraóseas y apicalización del margen mucoso para mejorar la accesibilidad al mantenimiento), la terapia regenerativa (uso de materiales de injerto óseo y membranas en defectos infraóseos confinados, con el objetivo de ganancia de nivel óseo), y la combinación de ambas según la morfología del defecto óseo. Los criterios de selección del tipo de defecto para el enfoque regenerativo siguen la morfología CIVD (circular, intraóseo, vertical, con paredes óseas residuales favorables): los defectos con 3-4 paredes óseas muestran resultados regenerativos superiores respecto a los defectos supracrestales a cielo abierto. La descontaminación de la superficie implantaria durante el colgajo quirúrgico puede recurrir a láser Er:YAG (longitud de onda 2940 nm, altamente absorbida por el agua, con efecto de ablación selectiva del biofilm sin sobrecalentamiento de la superficie) o a soluciones químicas (ácido cítrico al 40%, EDTA, imidacloprida —protocolos con evidencias todavía limitadas).

La gestión sistémica adyuvante con antibióticos por vía oral tiene un fundamento en la descontaminación de superficies implantarias inaccesibles a la terapia mecánica. El protocolo de Heitz-Mayfield —metronidazol 500 mg + amoxicilina 500 mg 3 veces al día durante 7 días en asociación con el desbridamiento quirúrgico— es el más documentado, con estudios de cohorte prospectivos a 5 años (Heitz-Mayfield et al., J Clin Periodontol, 2018) que muestran tasas de supervivencia implantaria del 86% en las formas moderadas-severas. La prescripción antibiótica debe seguir los principios de administración responsable de antimicrobianos: indicación quirúrgicamente motivada, duración mínima eficaz, monitorización de los patrones de resistencia local. Las evidencias actuales no respaldan el uso de antibióticos locales de liberación lenta (microesferas de minociclina, gel de doxiciclina) como sustitutos de la descontaminación mecánica.

La prevención de la periimplantitis mediante un programa de soporte implantario personalizado (SIM/TPS, Supportive Implant/Periodontal Therapy) es la estrategia con la mejor relación coste-beneficio documentada. El programa estándar prevé visitas a los 3, 6 y 12 meses de la carga protésica y posteriormente cada 6-12 meses según el perfil de riesgo individual (antecedentes de periodontitis, tabaquismo, control de placa, diabetes, profundidad de sondaje residual periimplantaria). Los elementos indispensables de cada visita SIM incluyen: retirada de la prótesis implantosoportada (o al menos evaluación periimplantaria circunferencial), sondaje con sonda calibrada (fuerza 0,2-0,25 N), registro de BOP, profundidad de sondaje y nivel óseo radiográfico (radiografía intraoral con posicionador para la comparabilidad longitudinal), higiene profesional supra y subgingival de las superficies implantarias.