Impresión 3D en odontología: la resina se elige por la carga, no por la aplicación declarada
La impresión 3D entró en los laboratorios dentales más rápido de lo que la literatura logró documentar, y eso ha dejado un espacio en el que las afirmaciones de los fabricantes pesan más que la evidencia.
Las tecnologías empleadas en odontología son tres y difieren en cómo polimerizan la resina. La SLA usa un láser que traza el contorno punto por punto; la DLP proyecta la capa entera con un proyector digital; la LCD emplea una pantalla de cristal líquido como máscara.
La diferencia práctica está en la relación entre velocidad y resolución. La SLA ofrece resolución alta y tiempos largos; la DLP imprime una capa entera en el mismo tiempo con independencia de cuántos objetos contenga; la LCD cuesta menos pero sus pantallas se degradan y deben sustituirse.
Para un laboratorio que imprime muchos modelos, la DLP tiene la ventaja determinante: llenar la plataforma no alarga el tiempo de impresión.
Las resinas se distinguen por propiedades mecánicas y por certificación de uso, y ambas cosas no coinciden. Una resina para modelos es rígida y dimensionalmente estable pero no está certificada para el contacto prolongado con mucosas.
Las resinas para férulas quirúrgicas deben ser transparentes, esterilizables y certificadas para contacto temporal. La transparencia no es estética: sirve para ver el asentamiento de la férula sobre los dientes durante la cirugía.
Las resinas para provisionales tienen resistencia a la flexión superior y están certificadas para contacto prolongado. Usar una resina de modelos en boca es un error más frecuente de lo que se supone, y no produce consecuencias visibles de inmediato.
El pospolimerizado determina las propiedades finales, y es el paso que más se abrevia. Un objeto recién impreso tiene conversión incompleta: es el tratamiento en cámara UV el que lleva la resina a las características declaradas.
El monómero residual de un pospolimerizado insuficiente es citotóxico. Un provisional mal polimerizado no solo es mecánicamente más débil: libera sustancias en la cavidad oral.
El lavado previo al pospolimerizado también cuenta. El alcohol isopropílico retira la resina no polimerizada de la superficie, pero un lavado demasiado prolongado la hace penetrar en la pieza y degrada sus propiedades.
La orientación en la plataforma influye en la precisión más de lo que sugiere la intuición. Las superficies en contacto con los soportes presentan defectos tras la retirada, y por eso los modelos se imprimen con la superficie oclusal hacia arriba.
Sobre las prótesis definitivas impresas la documentación sigue siendo limitada frente a las técnicas convencionales. La estabilidad dimensional a largo plazo y la resistencia al envejecimiento son las cuestiones abiertas, y es razonable considerarlas una solución en evolución antes que un sustituto consolidado.
En síntesis: la resina se elige por certificación de uso y propiedades mecánicas, el pospolimerizado no se abrevia, y la orientación en la plataforma se decide según dónde se acepten los defectos de los soportes.