Herramientas para retirar alineadores: un accesorio de dos euros que salva la adherencia al tratamiento
Por qué la retirada es el momento en que los pacientes abandonan la terapia con alineadores, cómo los attachments agravan el problema, y qué entregar junto a la primera férula.
El éxito de un tratamiento con alineadores depende de una variable que el clínico no controla directamente: las horas efectivas de uso, que los protocolos fijan en torno a veintidós al día. Cada obstáculo práctico que hace la férula más incómoda de manejar se traduce en horas perdidas, y la retirada es el obstáculo más subestimado. Un alineador bien adaptado se adhiere con fuerza — está diseñado para ello — y quitarlo con las uñas es difícil, doloroso en dientes sensibles e imposible para un paciente con uñas cortas, artrosis en las manos o simplemente poca destreza. Un paciente que tarda dos minutos y siente molestia cada vez que quiere comer tiende, sin declararlo, a saltarse las retiradas: es decir, a mantener la férula durante la comida o a no volver a ponérsela después.
El problema se agrava en presencia de attachments, y la mayoría de los casos modernos los prevé. Los attachments de composite son retenciones buscadas, sirven para hacer presa en el diente y aplicar los movimientos programados, y por definición aumentan la fuerza necesaria para despegar la férula. En los sectores posteriores, donde el acceso con los dedos es peor y los attachments suelen ser más numerosos, la retirada manual se vuelve un gesto acrobático. Una herramienta con capuchón de gancho permite enganchar el borde del alineador en zona molar y aplicar una tracción controlada a lo largo del eje de inserción, que es además el modo de no deformar la férula — porque una férula retirada torciéndola pierde adaptación y deja de transmitir las fuerzas previstas.
En el plano higiénico hay un segundo motivo, menos obvio. Retirar los alineadores con los dedos en un entorno no controlado — en el restaurante, en la oficina, de viaje — significa llevarse las manos a la boca varias veces al día. Una herramienta dedicada reduce ese contacto y tiene la ventaja práctica de poder lavarse por separado. Ni que decir tiene que la propia herramienta requiere limpieza regular, porque permanece en contacto con la férula y con la saliva.
La indicación operativa que se deriva es simple y atañe al momento de la entrega: la herramienta debe darse al paciente junto con la primera férula, no cuando refiere una dificultad. Un paciente que ya ha pasado tres semanas batallando ha construido un hábito de evitación, y recuperar las horas de uso perdidas es más difícil que prevenirlas. Un set con varias piezas permite tener una en casa y otra en el bolso, que es la condición para que esté realmente disponible en el momento en que hace falta.
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