Halitosis: en el ochenta por ciento de los casos el origen está en el dorso lingual

La halitosis es un motivo de consulta que el paciente aborda con vergüenza y que suele recibir una respuesta genérica sobre higiene. Las causas son identificables y en la gran mayoría resolubles.

Los responsables del olor son los compuestos sulfurados volátiles, producidos por bacterias anaerobias que degradan proteínas. Sulfuro de hidrógeno, metilmercaptano y dimetilsulfuro son los principales.

La literatura converge en atribuir la gran mayoría de los casos a causas intraorales, y entre ellas el dorso lingual es el reservorio principal.

La razón es anatómica: las papilas filiformes crean una superficie irregular que retiene restos, células descamadas y bacterias. Es un ambiente pobre en oxígeno, ideal para los anaerobios.

De ahí se deriva la indicación más eficaz y más descuidada: la limpieza del dorso lingual debe enseñarse como parte de la rutina, no mencionarse de pasada.

El raspador es superior al cepillo para esta función. Retira el depósito con un arrastre en vez de desplazarlo, y provoca menos reflejo faríngeo porque no hace falta presionar.

El cepillo usado sobre la lengua tiende a repartir el material en vez de recogerlo, y la forma del cabezal no se adapta a la superficie lingual.

La técnica es sencilla y hay que mostrarla: se coloca el raspador lo más atrás posible sin provocar arcadas, se arrastra hacia delante con presión ligera, se enjuaga y se repite varias veces.

El reflejo faríngeo disminuye en las primeras semanas por adaptación, y esto debe anticiparse al paciente, que de otro modo abandona tras el primer intento.

Las demás causas intraorales deben excluirse antes de atribuirlo todo a la lengua: periodontitis, caries profundas, restauraciones desbordantes, prótesis mal limpiadas, xerostomía. Cada una tiene su tratamiento.

La sequedad es una causa frecuente e infravalorada, y explica la halitosis matutina fisiológica: durante el sueño el flujo salival baja y los anaerobios proliferan.

Las causas extraorales son minoría pero existen, y algunas se reconocen por el olor. Un olor afrutado puede indicar cetoacidosis, uno amoniacal insuficiencia renal, uno fecal obstrucción intestinal. Son situaciones que exigen derivación médica, no tratamiento odontológico.

En síntesis: la mayor parte de la halitosis nace en el dorso lingual, el raspador es más eficaz que el cepillo, el reflejo faríngeo se atenúa con el hábito, y hay que excluir las demás causas orales antes de concluir.