Fresas de diamante: la granulometría adecuada cambia más que la marca
Las fresas de diamante son el consumible en el que más se ahorra y el que determina la calidad del margen. Un tallado con margen irregular no se corrige en el laboratorio, y su causa es casi siempre un instrumento equivocado o gastado.
La granulometría se codifica con un anillo de color en el vástago, según un estándar internacional ampliamente compartido. El negro indica grano supergrueso, el verde grueso, el azul medio, el rojo fino, el amarillo extrafino, el blanco ultrafino.
La secuencia correcta va de grueso a fino, y cada paso debe eliminar los surcos dejados por el anterior. Saltarse un paso deja estrías que permanecen en el tallado terminado y se reproducen en la impresión.
El error más difundido es terminar el margen con una fresa de grano medio porque es la que ya está montada. El margen acabado con grano medio presenta irregularidades que el material de impresión copia fielmente, y que el técnico interpreta como la forma buscada.
La rugosidad de la superficie tallada tiene efectos opuestos según lo que se cemente encima. Para una restauración cementada de forma convencional, cierta rugosidad aumenta la retención por fricción.
Para una restauración adhesiva sobre esmalte, la superficie debe en cambio quedar lisa: las microfracturas producidas por un grano grueso debilitan el esmalte justo donde se formará la unión. Por eso las carillas se terminan con granos finos.
La forma de la fresa debe corresponder al margen deseado, y esa correspondencia es más estrecha de lo que se cree. Una fresa de punta redondeada produce un chamfer; una de punta plana con hombro redondeado produce un hombro; una fresa en llama no produce margen definido alguno.
El diámetro de la punta determina la profundidad del margen: una fresa de 1,2 milímetros produce un chamfer de unos 0,6 milímetros, es decir la mitad del diámetro. Es el modo más sencillo de controlar el espesor sin medirlo.
El desgaste no es visible a simple vista y se manifiesta como cambio de comportamiento. Una fresa gastada no corta: resbala, exige más presión y genera calor.
El calor es la consecuencia que importa, porque el daño pulpar del tallado depende más de la temperatura que de la profundidad. Una fresa eficiente con irrigación adecuada calienta menos que una gastada usada con fuerza.
La irrigación debe verificarse como procedimiento, no darse por supuesta. Una boquilla parcialmente obstruida reduce el chorro sin interrumpirlo, y la caída pasa inadvertida hasta que se mide.
Las fresas de un solo uso ofrecen una ventaja que va más allá de la higiene: cortan siempre como nuevas. El coste unitario es mayor, pero la comparación debe hacerse con una fresa reutilizable en su décimo uso, no en el primero.
En síntesis: secuencia de grueso a fino sin saltarse pasos, grano fino en el margen y en las superficies que recibirán adhesivo, forma de fresa acorde al margen buscado, y sustitución en cuanto la fresa empieza a resbalar en vez de cortar.