Enjuague previo al procedimiento: un minuto que cambia la carga del aerosol durante la hora siguiente
El raspado ultrasónico y el air polishing figuran entre los procedimientos que más aerosol generan en odontología, y la sesión de higiene incluye ambos.
El aerosol producido no es solo agua de refrigeración: contiene saliva, sangre, biofilm desprendido de las superficies y material del surco gingival.
Conviene distinguir dos componentes que se comportan de forma distinta. Las gotas de mayor tamaño caen rápidamente y contaminan las superficies próximas al sillón; las partículas finas permanecen suspendidas en el aire mucho más tiempo.
La distinción es práctica, no académica: las superficies se contaminan de inmediato, el aire sigue cargado después de terminar la sesión, y eso determina qué hacer y en qué orden.
El enjuague previo actúa sobre un punto concreto: reduce la carga bacteriana de la saliva en el momento en que se forma el aerosol. No esteriliza nada, baja el inóculo de partida.
Los agentes estudiados son clorhexidina al 0,12 o 0,2 por ciento, cloruro de cetilpiridinio, peróxido de hidrógeno al 1 por ciento y formulaciones con aceites esenciales. La clorhexidina es la que cuenta con más literatura detrás.
Lo que las diferencia es la sustantividad, es decir, la capacidad de permanecer unidas a las superficies orales y seguir actuando. La clorhexidina tiene mucha, el peróxido prácticamente ninguna: actúa en el momento y ahí termina.
Un punto merece decirse con honestidad, porque suele omitirse: la evidencia disponible se refiere a la reducción de los recuentos microbianos en el aerosol, no a una reducción demostrada de infecciones en los profesionales. Es una medida razonable y de coste insignificante, no una protección demostrada.
La aspiración de alto volumen sigue siendo la intervención más eficaz frente a la dispersión, porque intercepta las gotas en el punto donde se forman. Enjuague y aspiración son complementarios y no alternativos: el primero baja la concentración, la segunda reduce la cantidad que se dispersa.
El error de secuencia más común entre pacientes es desinfectar las superficies inmediatamente después de la sesión. Parece diligente y en realidad significa limpiar mientras el componente fino del aerosol todavía se está depositando.
El orden correcto deja primero el tiempo necesario para que el aire se renueve y desinfecta las superficies después. Cuánto tiempo hace falta depende de la tasa de renovación de aire del ambiente, que en muchas clínicas es la variable menos conocida y menos controlada.
En la práctica, hay que indicar al paciente que enjuague durante el tiempo que señala el producto y no los tres segundos que hará espontáneamente, porque un enjuague demasiado breve reduce el efecto a poco más que un gesto simbólico.
En resumen: el aerosol contiene saliva y biofilm además de agua, las gotas grandes ensucian las superficies mientras las finas permanecen en el aire, el enjuague previo baja el inóculo inicial sin esterilizar, la evidencia se refiere a recuentos microbianos y no a infecciones de los profesionales, y desinfectar antes de la renovación del aire desperdicia parte del trabajo.