Elásticos intermaxilares: la fuerza declarada vale a una extensión concreta, no siempre

Los elásticos intermaxilares son el dispositivo ortodóncico más barato y el que más depende del paciente. Un tratamiento bien planificado fracasa si los elásticos no se llevan.

La clasificación más usada los divide por dirección de tracción. Los de Clase II van del canino superior al molar inferior y corrigen una relación distal; los de Clase III hacen el recorrido opuesto.

Los elásticos verticales cierran una mordida abierta anterior, los triangulares estabilizan un sector, los cruzados corrigen una mordida cruzada posterior. La dirección determina el efecto, y cada dirección trae consigo efectos secundarios.

Los elásticos de Clase II, por ejemplo, no retruyen solo el sector superior: extruyen los molares inferiores y rotan el plano oclusal. En un paciente hiperdivergente ese efecto empeora el cuadro en lugar de mejorarlo.

La fuerza declarada en el envase —2 onzas, 3,5 onzas, 4,5 onzas— se mide a una extensión concreta, típicamente tres veces el diámetro en reposo. Es un dato que rara vez se lee y que lo cambia todo.

Un elástico de 4 onzas estirado al doble de su diámetro libera mucho menos que la fuerza nominal; estirado a cuatro veces, mucho más. El diámetro se elige en relación con la distancia real entre los puntos de anclaje.

El decaimiento de la fuerza es el fenómeno que obliga a la sustitución frecuente. El látex pierde una parte significativa de la fuerza inicial en las primeras horas, y sigue decayendo lentamente.

Por eso la indicación correcta es sustituirlos al menos una vez al día, y no cuando se rompen. Un elástico llevado tres días aplica una fuerza muy inferior a la prescrita, y el paciente cree estar colaborando.

Los elásticos de material sintético, sin látex, existen para los pacientes alérgicos. Tienen un decaimiento algo distinto y cuestan más, pero la alergia al látex es lo bastante frecuente como para justificar tenerlos en la clínica.

La colaboración se obtiene explicando el mecanismo, no repitiendo la instrucción. Un paciente que entiende que quitarse los elásticos para comer y olvidarlos produce un movimiento a trompicones colabora mejor que uno al que solo se le ha dicho que los lleve.

El número de horas cuenta más que la fuerza. La evidencia sobre el movimiento dental indica que una fuerza ligera y continua es más eficaz que una fuerza elevada e intermitente, y los elásticos llevados solo de noche producen sobre todo un efecto oscilante.

Hay que decirle al paciente que doce horas al día no son la mitad del resultado de veinticuatro: son mucho menos, porque cada interrupción anula parte del remodelado en curso.

En síntesis: la dirección determina los efectos secundarios además de los buscados, el diámetro se ajusta a la distancia real, la sustitución es diaria y no por rotura, y las horas de uso cuentan más que la fuerza elegida.