Dentífricos: la concentración de flúor se elige por el riesgo de caries, no por la edad
El dentífrico es el vehículo por el que el flúor llega al esmalte cada día, y es la medida preventiva con la evidencia más sólida de toda la odontología.
Las concentraciones se expresan en partes por millón. Un dentífrico de adulto estándar contiene 1450 ppm, los productos para niños pequeños bajan a 1000 ppm o menos, los de prescripción llegan a 5000 ppm.
El error extendido es elegir la concentración por franja de edad en vez de por riesgo de caries. Un adolescente con aparatología fija e higiene mediocre tiene un riesgo muy superior al de un adulto sano.
Los dentífricos de 5000 ppm tienen indicaciones precisas y documentadas: pacientes con caries múltiples, raíces expuestas, xerostomía, aparatología ortodóncica fija, discapacidad que compromete la higiene.
En estas situaciones la diferencia frente a un 1450 no es marginal, y prescribirlos es una decisión clínica como cualquier otra, no una recomendación genérica.
La forma química del flúor incide en la biodisponibilidad. El fluoruro sódico es la referencia histórica; el fluoruro estannoso añade una acción antibacteriana documentada sobre placa y gingivitis.
El monofluorofosfato requiere hidrólisis por las enzimas salivales para liberar el flúor, lo que lo hace menos disponible de inmediato. Se sigue usando pero con ventajas menores.
La abrasividad es el segundo parámetro a conocer, expresado como RDA. Valores por debajo de 70 se consideran bajos, por encima de 100 elevados, y los dentífricos blanqueadores suelen situarse en la franja alta.
Sobre raíces expuestas o cuellos ya abrasionados, un dentífrico muy abrasivo acelera el daño. Es el caso en que la petición estética del paciente debe rebatirse con una explicación concreta.
El comportamiento tras el cepillado incide en la eficacia más de lo que se cree. Enjuagarse abundantemente retira el flúor de la boca justo cuando debería permanecer en contacto con el esmalte.
La indicación correcta es escupir sin enjuagarse, o como mucho enjuagarse con muy poca agua. Es un cambio de hábito sencillo que aumenta el tiempo de contacto sin coste alguno.
La cantidad importa poco en adultos y mucho en niños pequeños. Por debajo de tres años se usa una cantidad como un grano de arroz, entre tres y seis un guisante, para limitar la ingesta.
En síntesis: la concentración se elige por el riesgo, el fluoruro estannoso añade acción antibacteriana, la abrasividad importa sobre raíces expuestas, y no enjuagarse después aumenta la eficacia sin coste.