Curetas: una hoja sin filo bruñe el sarro en vez de eliminarlo
La cureta es la base de la instrumentación periodontal manual, y su rendimiento depende casi por completo de una condición que rara vez se comprueba: el filo de la hoja.
Una hoja desgastada no corta el depósito: lo comprime y lo bruñe. El sarro residual queda más liso y más difícil de detectar con la sonda, y la sesión siguiente parte de una situación peor.
La señal clínica es reconocible. Si el instrumento resbala sobre la superficie en vez de enganchar el depósito, y hace falta más presión para obtener efecto, la hoja debe afilarse.
La comprobación visual es igual de sencilla: una hoja afilada no refleja la luz en el filo, porque el filo es una línea. Una hoja desgastada muestra una superficie reflectante a lo largo del borde.
Las curetas universales tienen dos bordes cortantes y una hoja a noventa grados respecto al mango. Sirven en toda la boca y se adaptan a la eliminación supragingival y subgingival poco profunda.
Las Gracey tienen un solo borde activo y un ángulo de unos setenta grados, que permite adaptar la hoja a la superficie radicular con la inclinación correcta sin pensar en la angulación.
Es la razón por la que se prefieren en el tratamiento periodontal: la geometría hace parte del trabajo y reduce el riesgo de dañar el cemento con un ángulo equivocado.
La numeración de las Gracey corresponde a sitios concretos. Las 1-2 y 3-4 son para anteriores, las 5-6 para anteriores y premolares, las 7-8 y 9-10 para superficies vestibulares y linguales de posteriores.
Las 11-12 son para superficies mesiales de posteriores y las 13-14 para las distales. Usar una cureta en un sitio para el que no fue diseñada obliga a una angulación incorrecta.
Las versiones con mango alargado y hoja reducida sirven en bolsas profundas, donde una hoja estándar no alcanza el fondo sin traumatizar el tejido.
El afilado debe ser mantenimiento programado y no la respuesta a un instrumento que ya no corta. Una hoja mantenida requiere pocas pasadas; una dejada desgastar exige retirar metal, lo que acorta la vida del instrumento.
El error más común al afilar es modificar el ángulo original. Una hoja afilada con una angulación equivocada pierde la geometría que hace la cureta adecuada a su sitio.
En síntesis: la hoja desgastada bruñe en vez de eliminar, el filo afilado no refleja la luz, las Gracey se usan en el sitio para el que están numeradas, y el afilado es mantenimiento programado y no reparación.