El coste real de un consumible no es el precio, es el precio por uso

La comparación entre dos productos se hace casi siempre por el precio del envase, y es el modo más rápido de llegar a la elección equivocada.

El número que cuenta es el coste por uso, es decir cuánto gastas cada vez que usas el producto en un paciente. Entre ambos números la diferencia puede ser considerable.

El caso más sencillo es el de los envases de tamaños distintos. Cien piezas a veinte euros y ciento cincuenta a veintisiete parecen precios cercanos, pero el coste unitario difiere en más del diez por ciento.

Es un cálculo que nadie hace de cabeza, y las tarifas rara vez lo exponen. Llevarlo todo a una unidad común es la operación más elemental y la que más falta.

El caso menos obvio son los productos en que la cantidad usada varía. En un material dispensado, el rendimiento depende de la formulación: dos productos al mismo precio por gramo pueden dar un número distinto de aplicaciones.

Aquí el único modo de saberlo es contar las aplicaciones obtenidas de un envase durante un periodo definido. Es una información que ninguna tarifa contiene y que vale más que cualquier comparación de precio.

Está luego el desperdicio, que es la partida más descuidada. Un producto en envase grande a mejor precio unitario sale más caro si una parte caduca antes de usarse.

En artículos de rotación lenta el envase pequeño casi siempre compensa más, aun costando más por pieza, y es lo contrario de lo que sugiere la tarifa.

El tiempo es otra partida invisible. Un producto que exige una preparación más larga, o que falla de vez en cuando obligando a repetir, tiene un coste que no aparece en factura pero existe.

En un material usado varias veces al día, dos minutos más de preparación son horas cada mes, y vale la pena meterlas en la comparación.

La última partida es el coste del error, y atañe a los productos críticos. Un material que falla una vez de cada cien cuesta, en repeticiones, mucho más que la diferencia de precio que llevó a elegirlo.

Un modo práctico de aplicar todo esto sin volverse contable es calcular el coste por uso solo en las partidas que más pesan. Las diez primeras por gasto anual cubren por lo general la amplia mayoría del total.

En síntesis: lleva los precios a una unidad común antes de compararlos, cuenta las aplicaciones reales en los productos de rendimiento variable, considera el desperdicio en los artículos de rotación lenta, mete en la cuenta tiempo y errores, y haz el cálculo solo en las partidas que de verdad pesan.