Contraindicaciones del blanqueamiento dental

Quién no debería someterse a blanqueamiento —desde el embarazo hasta los menores de 18 años— y por qué algunas discromías no responden en absoluto a este tipo de tratamiento.

Antes de cualquier tratamiento blanqueador, una evaluación clínica cuidadosa debe descartar una serie de contraindicaciones específicas. El embarazo y la lactancia están entre las más citadas en la literatura: los agentes químicos blanqueadores pueden en teoría atravesar la barrera placentaria, y aunque la cantidad de peróxido absorbida sistémicamente durante un tratamiento suele ser reducida, la ausencia de datos concluyentes sobre la seguridad lleva a la mayoría de los profesionales a recomendar posponer el blanqueamiento hasta después del parto, o al menos evitarlo en el primer trimestre si la paciente decide de todos modos proceder.

La edad es otra contraindicación clara: la normativa europea (Directiva 2011/84/UE) prohíbe el uso de productos blanqueadores con concentraciones superiores al 0,1% de peróxido de hidrógeno en pacientes menores de 18 años, salvo en los casos en que el uso esté destinado al tratamiento o la prevención de una patología específica. La razón clínica detrás de este límite no es solo normativa: en los pacientes jóvenes el esmalte es más fino y menos mineralizado, la dentina está más cerca de la superficie externa y la cámara pulpar es significativamente más amplia, con terminaciones nerviosas más superficiales —todos ellos factores que aumentan notablemente el riesgo de hipersensibilidad y, potencialmente, de daños pulpares.

Otras contraindicaciones clínicas incluyen: caries no tratadas o restauraciones infiltradas, que siempre deben resolverse antes del blanqueamiento para evitar que el agente químico penetre en zonas no protegidas; alergia conocida a los peróxidos; encías inflamadas o no sanas, que deberían tratarse preventivamente con una sesión de higiene profesional; y la presencia de restauraciones protésicas extensas en el sector anterior (coronas, carillas, obturaciones voluminosas), que no responden al blanqueamiento químico y pueden crear una heterogeneidad cromática visible respecto a los dientes naturales blanqueados.

Un límite a menudo malinterpretado por los pacientes concierne al tipo de discromía tratable: el blanqueamiento actúa eficazmente sobre las discromías extrínsecas (debidas a pigmentos externos como café, té, vino, tabaco) y sobre una parte de las discromías intrínsecas ligadas al envejecimiento fisiológico, pero no es eficaz sobre las discromías intrínsecas más severas, como las causadas por tetraciclinas ingeridas durante el desarrollo dental o por fluorosis marcada. En estos casos, incluso un protocolo de blanqueamiento realizado correctamente puede producir resultados decepcionantes, y es preferible orientar desde el principio al paciente hacia soluciones alternativas como las carillas.

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