Contención: el tratamiento no termina al retirar la aparatología
La recidiva es la complicación más frecuente de la ortodoncia, y su causa es biológica antes que técnica. Las fibras periodontales supracrestales se reorganizan muy lentamente y conservan memoria de la posición original durante años.
De ahí se deriva el principio que a los pacientes les cuesta aceptar: la contención no tiene una caducidad corta. La orientación predominante es que una contención eficaz debe mantenerse a largo plazo, y en muchos casos indefinidamente.
Decirlo al inicio del tratamiento evita la conversación difícil al final, cuando el paciente descubre que el aparato ha terminado pero algo tiene que quedarse.
La contención fija consiste en un alambre adherido a las superficies linguales de los anteriores. La ventaja es que no depende de la colaboración, y por eso es la elección predominante en el sector anteroinferior, donde la recidiva es más probable.
Tiene sin embargo efectos secundarios que deben controlarse periódicamente. El más insidioso es el desplazamiento indeseado: si el alambre se despega de un solo diente y sigue unido a los demás, ese diente puede moverse de forma imprevisible.
El paciente no se da cuenta, porque no hay dolor ni sensación de aflojamiento. Es la razón por la que el control de la contención fija no puede dejarse a la comunicación espontánea.
El segundo efecto es la acumulación de sarro. El alambre lingual dificulta la limpieza interproximal, y en pacientes con higiene inadecuada produce inflamación gingival crónica.
La instrucción en el uso de la seda con enhebrador, o del cepillo interdental fino, forma parte de la entrega de la contención tanto como el alambre mismo.
La contención removible, típicamente una férula termoformada, tiene la ventaja de la sencillez y la limpieza, y mantiene la posición de todos los dientes de la arcada en vez de solo los anteriores.
El límite es la colaboración. Un paciente que deja de llevarla a los pocos meses no tiene contención, y a menudo no lo comunica.
El material termoformado se desgasta y se deforma con el uso, y debe sustituirse periódicamente. Una férula gastada ya no contiene: mantiene la sensación de llevar algo sin ejercer la acción.
La solución más adoptada combina ambas: alambre fijo en los anteroinferiores, donde la recidiva es más probable y la colaboración menos fiable, y férula nocturna superior.
En síntesis: la contención debe presentarse como parte del tratamiento desde el presupuesto, el alambre fijo exige controles programados porque sus fallos son silenciosos, y la férula se sustituye cuando se desgasta. La recidiva no es un fracaso del tratamiento: es lo que ocurre cuando la contención termina.