Cepillos manuales: las cerdas duras no limpian más, desgastan el cuello

El cepillo es el elemento más difundido y aquel sobre el que el paciente recibe las indicaciones menos precisas. La creencia más arraigada es también la más dañina: que unas cerdas más duras limpian mejor.

La placa es una biopelícula blanda, y para retirarla no hace falta dureza. Hace falta contacto: las cerdas deben alcanzar el surco gingival, no presionar sobre la superficie.

Las cerdas duras combinadas con una técnica horizontal producen dos daños documentados. La abrasión cervical, que labra un surco en cuña en el cuello, y la recesión gingival, que expone la raíz.

Ambos son irreversibles y se suman con los años. El paciente que cepilla con fuerza tres veces al día durante veinte años llega con cuellos labrados y una sensibilidad que ningún dentífrico resuelve.

Las cerdas suaves son por tanto la indicación por defecto para casi todos los pacientes. Las medias tienen indicaciones residuales; las duras no tienen indicación en odontología conservadora.

El redondeado de las puntas es una característica que distingue los productos y que no se ve a simple vista. Las cerdas cortadas sin redondear tienen bordes cortantes que traumatizan el margen gingival.

Es una diferencia de proceso de fabricación que justifica parte de la diferencia de precio, y que conviene explicar cuando el paciente pregunta por qué un cepillo cuesta el triple que otro.

El cabezal pequeño alcanza las zonas posteriores y las superficies linguales, donde más se acumula la placa. Un cabezal grande cubre más superficie pero no entra donde hace falta.

La técnica de Bass modificada sigue siendo la mejor respaldada. Las cerdas se colocan a cuarenta y cinco grados hacia el surco, se hacen pequeños movimientos vibratorios en el sitio y luego se gira hacia la superficie oclusal.

El punto que los pacientes fallan con más frecuencia es la angulación: cepillar perpendicularmente limpia la corona y deja intacto el margen gingival, que es donde nace la gingivitis.

Los dos minutos recomendados son más de lo que casi nadie hace. Los registros muestran tiempos medios muy inferiores, mientras el paciente está convencido de cepillar mucho rato.

Un temporizador, incluso el del móvil, corrige esa percepción mejor que cualquier explicación, y trabajar por cuadrantes evita descuidar siempre las mismas zonas.

En síntesis: cerdas suaves con puntas redondeadas, cabezal pequeño, angulación de cuarenta y cinco grados hacia el surco y dos minutos medidos. La fuerza no figura entre los parámetros útiles.