Blanqueamiento con activación lumínica: láser y LED
Por qué la luz debería acelerar el blanqueamiento, qué dice realmente la literatura más reciente sobre su eficacia real, y los riesgos térmicos que hay que conocer antes de usarla.
La idea detrás del uso de una fuente luminosa en el blanqueamiento profesional es sencilla: el calor o la energía fotónica generada por la luz deberían acelerar la descomposición del peróxido de hidrógeno, aumentando la velocidad con que se liberan los radicales oxidantes responsables del efecto blanqueador, y por tanto reduciendo los tiempos de tratamiento necesarios para obtener un resultado cromático dado. Históricamente se han utilizado distintas fuentes luminosas: la luz ultravioleta, hoy en gran parte abandonada por las preocupaciones sobre los posibles efectos dañinos de la radiación UV sobre los tejidos; la luz halógena, que genera calor mediante un filamento de tungsteno; el láser, en particular en las variantes de diodo y de argón; y la luz LED, una luz azul "fría" que no genera un aumento significativo de temperatura dentro del diente.
En cuanto a la evidencia científica, el panorama es menos unívoco de lo que el marketing de algunos tratamientos da a entender. Una investigación realizada con datos recogidos sobre el terreno concluyó que la fotoactivación no parece mejorar de forma significativa la coloración obtenida, ni acelerar realmente el proceso de blanqueamiento, ni influir en la sensibilidad postratamiento, independientemente de la concentración del agente blanqueador utilizado —un resultado que reduce notablemente el beneficio clínico esperado del uso de la luz frente al solo agente químico.
Un aspecto de seguridad a tener en cuenta concierne en particular a las fuentes láser: el aumento excesivo de temperatura que puede derivarse de un uso no correctamente calibrado del láser se ha asociado en la literatura al riesgo de daños, en algunos casos irreversibles, a los tejidos pulpares. Los tipos de láser más utilizados hoy —de diodo y de argón— se eligieron precisamente porque no implican un aumento significativo de la temperatura intraoral respecto a tecnologías láser más antiguas, pero el principio de precaución sigue siendo válido: la fuente luminosa siempre debe utilizarse según los parámetros recomendados por el fabricante, sin superar los tiempos de exposición indicados.
En resumen, si bien algunos estudios más antiguos reportan una aceleración real del proceso blanqueador con el uso de la luz (en particular con LED sobre gel a base de peróxido de carbamida), las revisiones más recientes plantean dudas concretas sobre la magnitud real de este beneficio en condiciones clínicas realistas. En la práctica, la elección de utilizar o no una fuente luminosa en el protocolo de blanqueamiento debería por tanto evaluarse considerando que la ventaja esperada, aunque todavía se proponga ampliamente a nivel comercial, no está tan sólidamente demostrada como se tiende a comunicar a los pacientes.
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