Bandejas de plástico: el tray setup es lo que impide abrir un cajón con los guantes sucios
Por qué la contaminación de superficies nace casi siempre de ir a buscar material a mitad de sesión, cómo se compone una bandeja por procedimiento, y cuándo hay que verificar la autoclavabilidad.
Si se observa dónde se concentra la contaminación de las superficies en un gabinete, el resultado es casi siempre el mismo: tiradores de cajones, puertas de muebles, envases de material, teclados. Ninguno de esos puntos se toca a propósito con los guantes contaminados; se tocan porque durante la sesión hacía falta algo que no se había preparado. Es el único comportamiento que echa por tierra más protocolos de desinfección, y no se corrige con más desinfectante: se corrige con la organización previa, es decir teniendo en la bandeja todo lo que ese procedimiento requiere antes de empezar.
El tray setup es la formalización de este principio. Se compone una bandeja por tipo de procedimiento — higiene, conservadora, endodoncia, cirugía — en la zona de reacondicionamiento, donde las manos están limpias y el material es estéril o limpio según su destino, y se lleva al gabinete ya completa. Al final de la sesión la bandeja sale entera, y la superficie que ha recibido la contaminación es la de la bandeja en vez de la del mueble. La ventaja práctica que se nota antes no es higiénica sino de tiempo: desaparece la interrupción a mitad de procedimiento, que es además el momento en que se pierde la concentración y se cometen errores.
Sobre los formatos, un recipiente de capacidad reducida como una bandeja de 250 mililitros tiene un destino distinto del de la bandeja plana para instrumental: sirve como recipiente de trabajo para la preparación y mezcla de materiales, para recoger pequeños componentes que no deben rodar, o como recipiente de apoyo para elementos extraídos y fragmentos que hay que conservar. Es el objeto que siempre falta en el momento en que hace falta, y lo bastante económico como para tener una reserva sin pensarlo.
El punto técnico a verificar antes de la compra atañe al tratamiento. No todos los plásticos son autoclavables: muchos recipientes de uso común se deforman en el primer ciclo, y una bandeja deformada ya no apoya en plano, lo que significa instrumentos que resbalan. Si el destino es el uso único, el problema no se plantea; si se prevé reutilizarla, la autoclavabilidad debe buscarse en la ficha técnica y no deducirse del aspecto. En el caso de recipientes usados para mezclar materiales, vale la observación ya hecha para los vasos dosificadores: un resto endurecido que no se elimina por completo cambia el volumen útil y hace el recipiente poco fiable para ese fin.
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