Atornillada o cementada: la elección se hace sobre la profundidad del margen, no sobre la preferencia

La comparación entre prótesis atornillada y cementada sobre implantes dura treinta años y sigue presentándose como cuestión de preferencia. Es en cambio una decisión que depende de factores medibles, y en la mayoría de los casos una de las dos tiene una ventaja clara.

La ventaja decisiva de la atornillada es la recuperabilidad. Una restauración atornillada se retira en pocos minutos para reparar una cerámica, cambiar un componente o acceder al implante para una terapia: la cementada a menudo se destruye al retirarla.

En una rehabilitación extensa esta diferencia cambia el pronóstico económico de todo el trabajo. Un chipping en un puente cementado puede significar rehacerlo todo; en el mismo puente atornillado significa desmontarlo y repararlo.

La segunda ventaja atañe al cemento residual, que no es un riesgo teórico. Estudios sobre series de periimplantitis han identificado restos de cemento en más de la mitad de los casos examinados, y la relación temporal sugiere un papel causal.

El cemento empujado al surco periimplantario no se ve en la radiografía si es radiotransparente, no se retira con el cepillo interdental y mantiene una inflamación que progresa lentamente durante años.

Los inconvenientes de la atornillada son igual de concretos. El canal de acceso al tornillo atraviesa la superficie oclusal, reduciendo el área de cerámica disponible y creando un punto de debilidad estructural.

Cuando el canal emerge en la cara vestibular de un elemento anterior —porque el implante está inclinado— la solución atornillada resulta estéticamente inaceptable. Es el caso en que la posición del implante decide por nosotros.

Los pilares angulados con tornillo transversal han ampliado las posibilidades: permiten llevar el acceso a posición palatina incluso con inclinaciones marcadas. Añaden componentes y coste, pero resuelven la mayoría de los casos que antes obligaban a cementar.

El aflojamiento del tornillo es el problema mecánico recurrente de la atornillada, y tiene causas conocidas. Apriete al torque indicado por el fabricante, reapriete a los diez minutos para compensar el asentamiento de las superficies, y contactos oclusales que no generen fuerzas excéntricas.

La solución híbrida —pilar atornillado y corona cementada sobre él fuera de boca— combina ambos planteamientos. El cementado se hace sobre el modelo, donde el exceso se retira por completo, y el conjunto se atornilla en boca conservando la recuperabilidad.

Es probablemente la solución más equilibrada para el unitario anterior, donde la estética excluye el canal vestibular pero la recuperabilidad sigue siendo deseable.

Cuando cementar es inevitable, la regla que reduce el riesgo es una sola: margen supragingival o como mucho a nivel gingival, nunca profundo. Un margen visible permite comprobar la retirada completa del cemento.

En síntesis: atornillada cuando la posición del implante lo permite, híbrida en los unitarios anteriores estéticamente críticos, cementada solo donde no hay alternativa y siempre con margen controlable. La preferencia personal es el último de los criterios.