Anestesia local en odontología: técnicas y fármacos
La comparación entre articaína y lidocaína como anestésicos locales de referencia, la diferencia entre infiltración, bloqueo de campo y bloqueo nervioso, y los tiempos de latencia y duración a conocer.
La anestesia local es la herramienta que ha convertido la odontología moderna en sustancialmente indolora, y la elección del fármaco y de la técnica apropiada sigue siendo una de las decisiones clínicas más frecuentes en la práctica diaria. La lidocaína, disponible desde 1948, se consideró durante mucho tiempo el gold standard entre los anestésicos locales de tipo amídico, por su excelente equilibrio entre eficacia, baja alergenicidad y toxicidad contenida. La articaína, introducida en odontología más tarde (con el nombre original de carticaína en 1969, renombrada articaína en 1984), presenta una particularidad química distintiva respecto a los demás anestésicos amídicos: un anillo tiofénico que le confiere una elevada liposolubilidad, contribuyendo a su eficacia clínica.
La comparación directa entre articaína al 4% y lidocaína al 2%, objeto de numerosas revisiones sistemáticas y metaanálisis, indica generalmente una mayor probabilidad de éxito anestésico para la articaína en distintos subgrupos clínicos, con una eficacia que según algunas revisiones resulta superior también en el bloqueo del nervio alveolar inferior en pacientes con pulpitis irreversible —una de las situaciones clínicas en las que obtener una anestesia profunda y eficaz es notoriamente más difícil. El inicio de acción (tiempo de latencia) de la articaína es típicamente de 1,5-1,8 minutos a nivel maxilar y 1,5-3,6 minutos para el bloqueo mandibular, con una duración de la anestesia pulpar de entre 30 minutos y 2 horas.
Desde el punto de vista de las técnicas, la anestesia orofacial se clasifica en tres categorías principales. La infiltración local anestesia las terminaciones nerviosas terminales en la proximidad inmediata del sitio de inyección, y es la técnica más común para el tratamiento de un solo diente, especialmente a nivel maxilar donde el hueso cortical es más poroso y permite una buena difusión del anestésico. El bloqueo de campo anestesia las ramas nerviosas terminales en un área más extensa, permitiendo tratar un sector ligeramente distal respecto al sitio de inyección. El bloqueo nervioso, por último, anestesia la rama principal de un nervio específico —el ejemplo más común es el bloqueo del nervio alveolar inferior— permitiendo tratar toda la región inervada por ese tronco nervioso, típicamente necesario para la mandíbula posterior donde la corteza ósea más densa hace ineficaz la sola infiltración.
Un elemento a menudo subestimado concierne a la concentración de adrenalina asociada al anestésico como vasoconstrictor: la concentración estándar de 1:100.000 ofrece el mejor compromiso entre duración del efecto anestésico y control del sangrado en la mayoría de los pacientes sanos, mientras que en pacientes con patologías cardiovasculares significativas puede ser preferible una concentración más diluida (1:200.000), que según algunos estudios produce una menor estimulación cardiovascular manteniendo de todos modos una eficacia anestésica adecuada para la mayoría de los procedimientos.
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