Aleaciones metálicas en odontología: uso y propiedades

Del declive de las aleaciones preciosas al auge del cobalto-cromo y el titanio, las propiedades que hacen que cada aleación sea adecuada para una indicación clínica específica.

En los albores de la técnica dental, las aleaciones de metales preciosos —oro, platino, paladio— eran la elección casi exclusiva para las restauraciones protésicas, apreciadas por su elevada resistencia a la corrosión, biocompatibilidad y facilidad de trabajo. El coste creciente de los metales preciosos y la búsqueda de alternativas económicamente más sostenibles sin sacrificar la calidad clínica llevaron al desarrollo de las aleaciones no preciosas, en particular el cobalto-cromo, hoy ampliamente extendido en la práctica protésica actual.

Las aleaciones de cobalto-cromo ofrecen una excelente combinación de rigidez, resistencia específica y resistencia a la corrosión, características que las convierten en la elección de referencia para las estructuras de prótesis esqueléticas y para las subestructuras metal-cerámica. El elevado módulo de elasticidad de estas aleaciones permite obtener conectores y estructuras finas sin comprometer su rigidez, una ventaja práctica nada secundaria en términos de confort y volumen para el paciente. Respecto a las aleaciones que contienen níquel, el cobalto-cromo ofrece además la ventaja de ser generalmente bien tolerado incluso por pacientes alérgicos al níquel, una circunstancia nada rara en la población general.

El titanio, en particular en la aleación grado 5 (Ti-6Al-4V, que contiene 6% de aluminio y 4% de vanadio), es hoy el material de referencia para los implantes dentales y encuentra un uso creciente también en las estructuras para prótesis removibles, donde reduce notablemente el peso de la restauración respecto al cobalto-cromo tradicional, mejora el confort de ajuste y tiene un impacto menor en la percepción gustativa del paciente. El titanio se considera generalmente uno de los metales menos alergénicos en términos absolutos, aunque están documentados, si bien raros, casos de hipersensibilidad tipo IV al propio metal o a componentes de la aleación como el aluminio o el vanadio.

Las aleaciones de oro para uso odontológico, hoy reservadas sobre todo a indicaciones específicas o a pacientes con necesidades particulares, contienen típicamente un contenido de oro comprendido entre el 45% y el 55%, aleado con otros metales preciosos como platino, paladio y a veces iridio —este último entre los metales más costosos y difíciles de refinar en términos absolutos, lo que limita aún más su uso a los casos en que las propiedades específicas de estas aleaciones (elevada biocompatibilidad, excelente adaptación marginal) justifican el coste más elevado respecto a las alternativas no preciosas.

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