Aftas recurrentes: la mayoría no tiene una causa identificable, pero algunas sí
El afta recurrente es una de las lesiones orales más comunes y una de aquellas sobre las que el paciente recibe explicaciones más contradictorias, atribuidas a menudo genéricamente al estrés.
Se distinguen tres formas. Las menores, por debajo del centímetro, curan en una o dos semanas sin cicatriz, y representan la gran mayoría de los casos.
Las mayores superan el centímetro, son más profundas, curan en semanas y pueden dejar cicatriz. Las herpetiformes son numerosas lesiones puntiformes que confluyen, pese a que el nombre no guarda relación con el herpes.
La distinción cuenta porque las formas mayores y las herpetiformes merecen una investigación más a fondo, mientras que las menores aisladas en un paciente por lo demás sano rara vez esconden algo.
Las carencias a excluir cuando las aftas son frecuentes son hierro, folatos, vitamina B12 y zinc. Son análisis sencillos y la corrección de la carencia puede resolver el problema.
La celiaquía debe considerarse, porque las aftas recurrentes pueden ser su manifestación más evidente en ausencia de síntomas intestinales marcados.
Un detalle práctico a menudo resolutivo atañe al dentífrico. El lauril sulfato sódico, el tensioactivo que produce la espuma, se asocia en algunos estudios a un aumento de la frecuencia de las aftas en sujetos predispuestos.
Probar un dentífrico sin lauril sulfato durante algunos meses es una intervención sin coste que en una parte de los pacientes reduce las recidivas, y vale la pena sugerirlo antes de terapias más complejas.
Los traumatismos locales repetidos son un factor desencadenante concreto: un margen cortante, un gancho protésico, un cepillado agresivo. Corregir el traumatismo elimina la localización recurrente.
El tratamiento de las formas comunes es sintomático. Los geles con anestésico local cubren el dolor durante las comidas; los corticoides tópicos reducen duración e intensidad si se aplican al inicio.
Los colutorios de clorhexidina no curan el afta pero previenen la sobreinfección bacteriana, y reducen el dolor de forma indirecta manteniendo limpia la lesión.
Algunas señales indican mirar más allá: lesiones que no curan en tres semanas, aftas acompañadas de lesiones genitales u oculares, un inicio en edad adulta avanzada, o la asociación con síntomas sistémicos. Son situaciones que exigen estudio y no un enésimo gel.
En síntesis: las formas menores aisladas rara vez tienen causa identificable, las carencias deben excluirse cuando son frecuentes, el dentífrico sin lauril sulfato es un intento gratuito, y una lesión que no cura en tres semanas debe estudiarse.